INSTITUTO MEDITERRANEO DE COOPERACIÓN

En el año 2002 nace la idea de crear el Instituto Mediterráneo de Cooperación (MIC) con sede en Dubrovnik. El proyecto, todavía en proceso de gestación , es tan sólo una ambición difícil de realizar que se ha confirmado, sin embargo, en el tiempo transcurrido desde el nacimiento de la idea, como un asunto de rabiosa actualidad y manifiestamente necesario.
Es indudable que la realización de este proyecto consolidaría la filosofía por la que se ha guiado Transmadrid y sus fundadores durante los últimos 50 años.
La creación del  MIC (Mediteranean Institut for Cooperation) significaría que es posible conseguir en el transcurso de la vida de una empresa y la de sus fundadores, que aún con las tradicionales limitaciones de la gestión empresarial y sus posibles éxitos, se consiga abrir el camino para la creación de un Instituto de interés público, cuya premisa básica no sería el lucro, sino la plena independencia y libertad a la hora de exponer sus posturas y decidir sus opciones.
Esta premisa requiere que los futuros fundadores del Instituto Mediterráneo de Cooperación estén dispuestos a reconocer estos valores, a identificarse con ellos, y a no olvidar que un proyecto de estas características requiere considerables medios económicos que no son fáciles de conseguir sin estar condicionados por otros intereses también legítimos.Por eso el reto es aún mayor.

Viviendo en un mundo que por un lado es cada vez más dinámico e imprevisible, y por otro cada vez está más organizado por sistemas de telecomunicaciones vía satélite, resulta obvia la necesidad, y la legítima aspiración, de poder prever futuros acontecimientos, como metodología imprescindible. Esta necesidad está aún más acentuada en el área que abarca el interés primordial del Instituto y su actuación.También en aquellas otras que pueden experimentar, o han experimentado ya, grandes cambios socio-demográficos o socio-políticos, lo que en un mundo globalizado tiene repercusión no sólo local sino planetaria. El momento en el que en la actualidad se encuentra inmerso el mundo, confirma y certifica las tesis expuestas. Por un lado, se pone de manifiesto que el mundo desarrollado, particularmente los países de la Unión Europea, va a mejor y es más próspero económica y democráticamente, pero tampoco es «un campo de fresas para siempre» como soñaba y cantaba John Lennon en los años 60.
Destruyendo las barreras ideológicas a través de la caída del sistema comunista, lo que simbólicamen te representó el derrumbamiento del muro del Berlín en 1989, no se cierran las cicatrices del
pasado, sino que se abren nuevos abismos donde el capitalismo liberal y mercantilista no es capaz de sustituir dichas ideologías ya fracasadas, ni tampoco es capaz de crear nuevas doctrinas que las sustituyan.
Las principales religiones, a través de sus representantes, se atrincheran en posturas cada día mas fundamentalistas y el propio sistema democrático, en lugar de suavizar y consensuar las alternativas políticas, crea nuevos fantasmas representados por los nacionalismos radicales.
Los lideres políticos, vacíos de contenidos en sus discursos e incapaces de aportar ideas originales –y por tanto arriesgar sus carreras políticas–, utilizan los instrumentos ya conocidos anteriormente y ya enterrados por su falta de eficacia.
Cono consecuencia de estas tendencias somos testigos del colapso global del sistema financiero y económico, lo que crea un cultivo de confrontaciones sociales y como muchas veces en la historia, los conflictos bélicos surgen como última alternativa.

En el año 1993, el director de Transmadrid publicó un artículo bajo el titulo Kosmar Pred Vratima Raja (Cáos a las puertas del paraíso) cuyo contenido publicado ya hace más de 15 años, advertía sobre las incógnitas y peligros que se nos avecinaban:

«Desde la caída del muro de Berlín han pasado ya cinco años, durante los cuales no se han cumplido muchas de las promesas del nuevo sistema mundial.Aquellos que no tenían nada se han convertido en más pobres aún, algunos de los nuevos países liberados han quedado prisioneros de la guerra, aquellos que vencieron como muestras inalcanzables, atraviesan por procesos políticos y experiencias económicas dolorosas. Europa se ha cambiado de traje pero en las manos sostiene un cesta de manzanas podridas, América gira hacia Asia, y todos suspiran por China, a pesar de sus confusiones ideológicas.
¿Qué ha sucedido realmente y qué ha cambiado mientras tanto? El mundo se ha liberado del equilibrio del miedo que impuso Henri Kissinger como filosofía estratégica e intocable religión política, pero la liberalización de las amenazas nucleares han sido rápidamente superadas por nuevos problemas: cansancio, impotencia e indecisiones.
Los bloques ya no se amenazan, pero tampoco han aportado nuevos tiempos de paz y estabilidad, ni democracia, ni apertura de mercados, ni prosperidad.
El deseo de lo occidental quiere cobrar su precio inmediatamente, y simultaneamente «La sociedad del bienestar» no puede pagar un sin fin de cuentas que ella misma ha generado. Actualmente los estrategas americanos no disponen de tiempo para el análisis a largo plazo, por lo que buscan «respuestas instantáneas» por medio del dinero virtual y dándole valor al papel. Mientras tanto, la digna, orgullosa y vieja dama Europa, duerme, y en esa duermevela sueña con el control de una fortaleza común que conquistará el máximo de mercados.Europa, sin embargo, se queda con un cesto lleno de manzanas podridas (recesion, paro, conflictos internos, amenazas por el terrorismo, y guerras interminables).
Nuevo mundo, nuevas incertidumbres. La apuesta es enorme: el cambio o la muerte. Y la aguja del compás tiembla de babor a estribor, sin un rumbo definitivo.
El objetivo subdesarrollo, tanto político como económico, que sufre el continente africano, el hambre de su población, la falta y la necesidad de capital para expandirse hacia nuevos mercados; los procesos migratorios motivados por las circunstancias y la imperfección de los procesos democráticos en los países que carecen de esta tradición; así como en aquellos que están pasando por una etapa de transición, son todos factores que crean una serie de nuevas y desconocidas tendencias en el mundo. En este contexto, los países del Mediterráneo, que fueron cunas de la civilización moderna y, como tales, pueden ser la clave y el indicador del rumbo para muchas soluciones, son al mismo tiempo una de las zonas del mundo más explosivas que vive atrapada en la red de sus propias contradicciones seculares. Las formas radicales que se imponen cada vez más en el escenario social global se introducen en los poros de la vida política, representan una bomba latente cuya mecha puede llegar a prenderse de manera incontrolada. La crisis del orden financiero y económico mundial y la indudable pérdida de rumbo de las ideologías existentes para buscar soluciones, no hacen más que echar pólvora a la ya, de por si, explosiva situación.
Por este motivo se impone cada vez más la necesidad de diálogo como única solución civilizada, unida a la confrontación crítica de opiniones, pero supeditada a la necesidad de comprender y aceptar las diferencias, así como a ceder en nombre del bien común».


Durante los 50 años de su existencia Transmadrid se ha guiado siempre por la necesidad de cooperación y la idea de franquear diferencias y dificultades. Siempre hemos buscado en las diferencias la complementariedad y el valor añadido, intentando demostrar en el mundo profesional que esta postura no sólo es ética, sino que también conduce al éxito.Hemos construido pequeños puentes de cooperación que a lo mejor abrirán camino a una visión más amplia y más ambiciosa, lo que podría convertirse en una realidad a través del Instituto Mediterráneo de Cooperación.

¿Por qué situar el Instituto Mediterráneo de Cooperación en Dubrovnik?

El Mediterráneo ha sido desde siempre no sólo la cuna y el lugar de desarrollo de distintas civilizaciones, sino también, o a lo mejor precisamente por ello, una zona donde coexistían distintas tradiciones. Entre las más antiguas metrópolis mediterráneas que bordean el azul del Mediterráneo se encuentra Dubrovnik, una ciudad con 15 siglos de historia. Dubrovnik no sólo es un símbolo de la costa croata sino también un símbolo universal, una de las ciudades más bellas del Mediterráneo. Como ciudad protegida por la UNESCO, Dubrovnik es una síntesis de la tradición histórica, del comercio, la diplomacia y la política.También es una ciudad que históricamente ha conservado su independencia a pesar de las influencias económicas y políticas sufridas debido a su ubicación estratégica.
Condicionada por su situación geográfica, en la que tradicionalmente se solapan las zonas de influencia de la Europa central, la Europa del sureste y los Balcanes, la Dubrovnik medieval se convirtió en un punto único de encuentro de ideas, personas y mercancías. El establecimiento de un mundo bipolar, hispano-musulmán, en el punto de inflexión entre dos grandes épocas de la historia, a la ciudad-Estado Dubrovnik, no sólo le trajo beneficios económicos y espirituales, sino también la soberanía y una posición privilegiada en la que era viable buscar el diálogo entre las partes enfrentadas.
Ante Transmadrid se abre una nueva época llena de ignorados retos, ante la que serán necesarias fuerzas renovadas y nuevas ilusiones. Deseamos que estas ilusiones sigan en la línea básica de buscar nuevos caminos en los que las diferencias objetivas de índole histórica, cultural, religiosa y económica, no sean una fuente de conflicto y destrucción, sino los cimientos para conseguir un mundo mejor.